Emotiva jura de bandera para civiles en la Base Aérea de Armilla

Emotiva jura de bandera para civiles en la Base Aérea de Armilla
FERMÍN RODRÍGUEZ

Acto solemne presidido por el teniente general Rubén Carlos García Servet

ENCARNA XIMÉNEZ DE CISNEROS

Podría contarles trescientas cincuenta y una historias, una por cada persona que esta mañana juraba bandera en la Base Aérea de Armilla en un acto solemne presidido por el teniente general Rubén Carlos García Servet, jefe del Centro de Operaciones Aéreas Combinadas de Torrejon, que quiso acompañar al coronel jefe, Luis García-Almenta en una jornada muy especial.

El propio coronel desgranó algunas de esas historias en su alocución a los asistentes, entre los que estaban representantes militares, de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, de los ayuntamientos en cuyo término se ubica la Base -pude saludar a Francis Rodríguez y a Ángel Rojas, concejal de Churriana de la Vega, entre otros-, y muchos familiares y amigos. Además participó el coronel Fernando Alcázar del Acuartelamiento Aéreo de Tablada.

Luis García-Almenta habló de doña Carmen, un espíritu joven de 93 años, que quiso hacer su jura. Y de Soledad, que, tras recibir los sacramentos más importantes -desde el bautizo- en la capilla del recinto, quería estrechar aún más los lazos; de Yerai -espero que se escriba así- que a sus dieciocho años era el benjamin de la jornada, y de las cinco personas que han venido de República Dominicana y uno de Escocia «para jurar y casarse».

A ellos no los pude localizar, pero sí a María Trinidad Carrasco que, a sus setenta y uno años no ha perdido nada de su arte y acento albaicinero -donde nació- aunque ahora reside en Churriana. Juró bandera para cumplir una ilusión y «sobre todo por mi padre, Enrique», me dijo mirando al cielo. Asistió junto a su hija Celia Alvarez, ambas con mantilla, y me contaba su faceta de pintora «en enero hago otra exposición».

Buen motivo también para María Muñoz, que renovaba su promesa junto a sus hijos Dolores María Hernández (madre del barítono Pablo Gálvez) y Jesus Hernández. Y ahí surgió la anécdota porque en el año 86, cuando Jesús juro bandera, su madre quiso acompañarlo y se convirtió en la primera mujer en hacerlo en el campamento de Viator, concretamente en el despacho del teniente coronel.

Y si de emociones iba la jornada, Ángeles Orantes-Zurita, me contaba que su padre – me dio una inmensa alegría saludar a ambos- había renovado su juramento en el mismo lugar donde sesenta y seis años antes -que se dice pronto- había hecho el servicio militar. Y no había vuelto. Pero bien que se acordaba de muchas cosas, incluso de cuando salió en helicóptero. Antonio Orantes, brillante empresario y jefe de una magnífica saga familiar estuvo rodeado de Ángeles y su marido Alberto; de su hijo Julio y su mujer Manuela, y de sus nietos que arroparon orgullosos al abuelo.

Vi a Agustín Laserrot, que charlaba con Francisco José Ocaña, de Vox; y también salude a Patricia Botet que juró junto a sus padres Agustín Botet y Carmen López. Por allí estaban también sus hijos, suegros y su marido Tayo Betoret.

Y juraron Rita Martinez y Eduardo Salas, con sus hijos Lucía y Eduardo y su nuera Mari Carmen, así como un nutrido,grupo de la residencia Perpetuo Socorro de Santa Fe. Una bonita jornada que concluyó con una exhibición de la patrulla Aspa.