La bandera blanca ondea de nuevo en Armilla

  • El armillero Alberto Sedano acaba de ser ordenado sacedote en la Catedral granadina junto a otros cinco jóvenes

Alberto Sedano (Armilla-1989), acaba de ser ordenado sacerdote junto a otros cinco jóvenes en la Catedral de Granada. Y en su pueblo, en el campanario de la iglesia parroquial de San Miguel Arcángel, ondea de nuevo, después de tres décadas, una bandera blanca en su honor. Fue precisamente José Antonio Cantos Mochón, que asistió a su ordenación el pasado domingo 17 de abril, el último vecino de Armilla en recibir el sacramento del orden, hace ya treinta años.

Dice que ser ordenado sacerdote significa la entrega para siempre «de mi vida al señor, trabajando en el seno de la Iglesia, sirviendo a las personas a través de él». Campanillero de la Aurora desde los once años, Alberto -como dice Paqui Cantero, presidenta de los Auroros, que lo conoce de toda la vida- «está siendo una luz para toda la familia, incluso para el pueblo».Pronto conocerá su destino como sacerdote, dónde «Dios quiera y la Iglesia me encomiende», subraya.

Como cualquier joven de su edad, cuando tiene tiempo libre le gusta salir con su amigos al cine, viajar o disfrutar con sus amistades de los juegos de mesa. Ha practicado fútbol, aunque ahora prefiere hacer senderismo o visitar parques temáticos. Hasta ahora se encargaba de ayudar al párroco en nueve pueblos de Las Alpujarras, en lo que se denomina destino pastoral.

–¿Cuándo nace su vocación sacerdotal?

–Desde niño he sentido la llamada al sacerdocio, una llamada que he madurado a lo largo del tiempo. Empecé de monaguillo ayudando en la catequesis. A los 14 años decido entrar en el seminario menor por mediación del párroco, don Alfredo López. Tras la selectividad empecé la carrera de Teología en el Instituto Tecnológico Lumen Gentium de Granada. Hice tres años de Filosofía y tres de Teología. Tras pasar el examen de Grado obtuve la licenciatura en Teología. Al acabar la carrera se pone la fecha del diaconado, que es el paso previo al sacerdocio. Ahora me darán mi destino, pero antes presidí la primera misa en la Iglesia de San Miguel Arcángel, del pueblo en el que nací y he crecido.

–¿Cómo vive su familia su decisión?

–Están contentos porque me han visto vivirlo desde pequeño. Tengo cuatro hermanos y soy mellizo con otro. En mi familia no hay sacerdotes, pero sí monjas.

–¿Qué opinión le merece la manera tan peculiar de proceder del Papa Francisco?

–Nos está edificando con su ejemplo. Dice lo mismo que sus antecesores, pero en un tono más espontáneo. Es su estilo más innovador lo que le hace especial, aunque se mantiene fiel al magisterio de la Iglesia.

–¿Cómo se ve dentro de diez años?

–Más maduro, más hecho. Estoy seguro de que la experiencia me hará aprender. Ahora estoy feliz y entonces estaré mucho más, porque sabré lo que es servir a la Iglesia. Ahora soy sacerdote. La verdad es que no me he planteado lo que llegaré a ser dentro de la Iglesia. Haré lo que me pida. Amo a la Iglesia con sus virtudes y sus defectos.

–¿Qué piensa de la crisis en la que estamos inmersos?

–Me preocupa la crisis. En mis oraciones pido por los problemas de la humanidad y de la gente de mi pueblo. Por sus preocupaciones y sufrimientos; pido por los que no tienen trabajo.

–¿Qué opinión le merecen las personas que no creen en Dios?

–Los respeto, pido por ellos. No juzgo al que no cree, es una experiencia. Es verdad que puedo decir que ser cristiano es una alegría, una gozada; y te lo pierdes, pero no puedes imponer, ni juzgar. Hay que respetar.

–¿Cómo valora la situación de los refugiados?

–La verdad es que encuentran en una situación difícil y complicada. Hay que ser humanos y fraternales; y acogerlos de manera equitativa. Si se les acoge, es para ayudarlos en todo; y dignamente darles todo lo que necesitan.

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